En las últimas semanas, han salido a la luz relatos devastadores sobre cómo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) trata a mujeres embarazadas bajo su custodia. No se trata de casos aislados—es una falla sistémica que deja a madres y personas gestantes desprotegidas en sus momentos más vulnerables.
Iris Dayana Monterroso-Lemus vivió la peor pesadilla de una persona embarazada. Fue detenida por ICE en Tennessee con alrededor de cinco meses de embarazo, y trasladada varias veces entre centros de detención antes de llegar al Centro Correccional Richwood en Luisiana. Durante tres días, suplicó atención médica mientras sentía dolor y no percibía movimiento fetal. Finalmente fue hospitalizada el 29 de abril, donde dio a luz a un bebé sin vida. “Lo tuve dentro de mí tres días, en ese centro de Luisiana, mi bebé muerto en mi vientre, dentro de mi vientre, por tres días,” dijo a la prensa.
Cary López Alvarado, ciudadana estadounidense y con nueve meses de embarazo, fue detenida durante redadas de ICE en California. Al intentar proteger su lugar de trabajo de los agentes federales, fue empujada violentamente y perdió el equilibrio. “No puedo resistirme, estoy embarazada,” les dijo mientras la esposaban. Tras ser liberada, fue hospitalizada con fuertes dolores abdominales y los médicos tuvieron que monitorear de cerca su estado y el de su bebé.
En otro caso, una enfermera del centro de procesamiento de ICE en Aurora llamó al 911 por una mujer con cuatro meses de embarazo que llegó a la unidad médica sangrando y con dolor. Cuando el operador preguntó sobre signos de vida y latido fetal, la enfermera respondió: “No tenemos el equipo para hacer eso.” Esta respuesta resume la negligencia médica y la falta de respeto hacia las personas embarazadas en estos centros.
Estas historias importan porque revelan una verdad problemática: cómo nuestra sociedad valora la maternidad, independientemente del estatus migratorio. Cuando permitimos que mujeres embarazadas sean encadenadas al dar a luz, que se les niegue atención médica o que carguen durante días a un bebé sin vida, abandonamos los principios más básicos de compasión y cuidado.
Desde enero, al menos cuatro llamadas al 911 de centros de detención en Colorado, Texas y Georgia han sido por emergencias de mujeres embarazadas sangrando o con dolores extremos. [WIRED]