Mientras investigadores debaten si la asistencia en efectivo ayuda a las familias, nosotros lo demostramos este año.
Este verano, investigadores publicaron hallazgos que respaldaban la idea de que la ayuda en efectivo no es efectiva. El estudio Baby’s First Years otorgó a padres de bajos ingresos $333 mensuales durante cuatro años y concluyó que no hubo impactos significativos en medidas de desarrollo estandarizadas. Estos nuevos resultados han sido utilizados por políticos para pedir el fin de la ayuda en efectivo—pero los titulares no explican por qué el estudio presentaba ciertas limitaciones.
$333 al mes no fue suficiente para sacar a las familias de la pobreza: la mayoría de los participantes permaneció por debajo de la línea federal de pobreza durante todo el estudio. Aún más crítico: el dinero se entregó en plena pandemia de Covid, con apoyo comunitario, educación y servicios muy limitados, que sabemos marcan la diferencia entre simplemente sobrevivir y poder prosperar. Y aun con estos desafíos, las familias pudieron costear artículos que les ayudaron, como abrigos de invierno y entradas al zoológico—avances que confirman lo que numerosos estudios demuestran: quienes participan en programas de ayuda en efectivo tienen mayor seguridad financiera y menos estrés, creando hogares más seguros para sus hijos.
La evidencia global lo respalda. En Kenia, pagos de $1,000 redujeron la mortalidad infantil a la mitad entre familias con hijos pequeños. Sin embargo, los beneficios caían cuando las familias vivían a más de 30 minutos de un centro de salud. ¿La lección? El efectivo puede ser poderoso, pero solo cuando existe la infraestructura alrededor para aprovecharlo.
En Mama2Mama lo hemos comprobado de primera mano. Desde los incendios en Los Ángeles en enero, hemos distribuido más de $1350,000 en efectivo de emergencia a más de 100 familias embarazadas o con bebés de hasta un año. Este apoyo les permitió cubrir necesidades urgentes como pañales, comida y vivienda temporal, en un momento en que la burocracia retrasaba o restringía otras formas de ayuda. La retroalimentación ha sido clara: el efectivo les permitió priorizar lo que más necesitaban, en el momento en que más lo necesitaban. Una beneficiaria nos dijo: